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martes, abril 20, 2010

La expedición de la Kon-Tiki / Thor Heyerdahl


Según la imagen que le corresponda en los WC, en alguna oportunidad de su vida usted soñó con parecerse a Indiana Jones o a  Lara Croft. Lo mismo me ha pasado a mí y a millones de personas que se identifican, por ejemplo , con los personajes principales de la película animada “UP”.
Necesitamos modelos aventureros. Nos hacen soñar despiertos.
Durante la infancia tardía y la adolescencia era común convertir en ídolos a quienes llevaban adelante una vida y obra ejemplificadora que nos servía como inspiración para darle a las nuestras un sentido de trascendentalidad del que hoy todos parecemos carecer.
Es que así como el Indiana que conocemos del cine vive sólo en la ficción, originalmente su personificación fue tomada de expedicionarios reales de carne y hueso que arriesgaron sus vidas derribando barreras que hasta ese momento parecían inexpugnables.
Son cientos de ellos, desde Edmundo Hillary vestido con sus ropas de lana tejida, cuero y piel, alcanzando la cumbre del Everest, hasta un Auguste Piccard descendiendo en su invento, el batiscafo, hasta 10.000 mts. por debajo de la superficie del mar. Uno en cada extremo del mundo conocido explorando los límites. Hablamos de gente que fue precursora y vivió con ausencia de Goretex, Tela Polar, Nylon, Neoprene, Botas a la medida, etc.  Por favor, intente ponerse en el lugar de esta gente que por el solo placer de superar obstáculos y lograr mayor conocimiento, exponía su vida en una forma que hoy nos parecería alarmante. Es casi equivalente al primer cosmonauta en salir de la atmósfera o al primero en hacer una caminata espacial.
Yo devoraba los libros donde esta gente relataba sus aventuras. Eran una dosis terapéutica de realidad cuando Sandokan y los tigres de la Malasia, o el Capitán Nemo en sus 20.000 leguas de viaje submarino se me hacían extremadamente lejanos.
Sorprendentemente mi padre tenía dos ejemplares de un mismo libro. Tal vez alguna vez prestado y adquirido nuevamente ante la sospecha de alguna improbable devolución. El título ya es historia: Kon-Tiki del Vikingo Thor Heyerdahl.(1914-2002),

Libro
Este señor noruego sin ninguna experiencia en el mar, salvo haber vivido durante su infancia en la Polinesia, decidió una vez finalizada la guerra, en donde estuvo involucrado como voluntario, comprobar una teoría que sostenía desde temprana edad.
Ya cuando vivía en la Polinesia había comprobado que muchas especies de flora y fauna allí existentes coincidían con las mismas encontradas en Sudamérica. De allí transliteró la idea  que los humanos también podían haber seguido el mismo camino y no como se creía comúnmente que hubieran llegado desde Asia.

Kon-Tiki
Heyerdahl decidió emprender una expedición que repitiendo las rutas que él suponía habían seguido los Incas, demostraría la veracidad de su propuesta. La llamó expedición Kon-Tiki al igual que a la nave en donde se embarcaría para cruzar el Océano Pacífico hasta la Polinesia en el año 1947.
El nombre de la embarcación se debía al dios solar de los Incas, Viracocha, de quien se decía que antiguamente había llevado el nombre de "Kon-Tiki".  
Esa balsa sería una réplica de las usadas por los Incas y sería movida únicamente por las mareas, las corrientes (principalmente la de Humbolt) y la fuerza del viento, que es casi constante en orientación este-oeste a lo largo del Ecuador.
Sólo llevarían algunas “ayudas” del siglo XX tales como una radio a válvulas alimentada por baterías cargadas por dínamo, relojes, mapas, sextantes y cuchillos.
La Radio
La expedición se financió con prestamos y donaciones. Heyerdahl consiguió los materiales necesarios en Ecuador. Estos eran nueve troncos de madera balsa que los mismos tripulantes cortaron y despacharon al puerto del Callao en Perú para ser ensamblados con la forma de la embarcación típica y usando sólo los materiales de que disponía el indígena en la era prehispánica.
En El Callao
Se construyó con estos 9 troncos de balsa, cada uno de ellos de 13,7 metros (m) de largo y 60 centímetros (cm) de diámetro, los cuales estaban unidos entre sí con la ayuda de lazos de cáñamo. Transversalmente a los troncos principales se ubicaron troncos de balsa de 5,5 m de longitud y 30 cm de diámetro, a intervalos de 1 m, y con el objetivo de dar soporte lateral. Adicionalmente, se utilizaron tablones de pino en los laterales de la embarcación, así como secciones de 60 cm de largo y 2,5 cm de espesor del mismo material como quillas.

Listos
El comienzo
La travesía comenzó el 28 de abril de 1947. Heyerdahl y otros cinco integrantes viajaron durante 101 días a lo largo de casi 7.000 km por el Océano Pacífico, hasta llegar a un arrecife en el atolón de Raroia, en las islas Tuamotu, el 7 de agosto de 1947. La embarcación resultó totalmente destruida en la barrera de coral de la isla, pero toda la tripulación llegó a tierra sana y salva.
Durante el viaje la convivencia y compañerismo se vieron matizados por las tareas de obtención  de agua y alimentos mediante la pesca o la caza a mano limpia de ejemplares de tiburón.
Rancho
El primer “pez serpiente” Gempylus que se ha capturado
Atrapando tiburones por la cola
Trate de imaginarse usted mismo viviendo esta aventura a merced de las fuerzas de la naturaleza y encomendando su vida a la resistencia de nueve troncos atados con hierbas y dígame que tan audaz se debe ser para lograrlo.
Miembros (de izq. a derecha) Knut Haugland, Bengt Danielsson, Thor Heyerdahl, Erick Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger
La tripulación estaba compuesta por:
  • Thor Heyerdahl (1914–2002) que era el líder de la expedición.
  • Erik Hesselberg (1914–1972) era el experto en temas de navegación, y además artista. Fue el responsable de pintar la figura de Kon-Tiki en la vela de la embarcación.
  • Bengt Danielsson (1921–1997) fue el encargado de las provisiones y el racionamiento de los alimentos. Danielsson era un sociólogo que se había interesado en teorías de migración humana. Por otra parte, cumplió el rol de traductor, ya que era el único miembro de la tripulación que sabía hablar español.
  • Knut Haugland (1917–2009) era un experto en radio, que había sido condecorado por los británicos en la Segunda Guerra Mundial debido a su desempeño en la Batalla del agua pesada, que frustró los planes de Alemania de desarrollar la bomba atómica.
  • Torstein Raaby (1920–1964) también estaba a cargo de la transmisiones por radio. Había ganado experiencia como operador de radio mientras estuvo infiltrado en la Segunda guerra Mundial detrás de las líneas alemanas, espiando el acorazado Tirpitz. Sus transmisiones secretas por radio a la larga ayudaron a los aliados a localizar y hundir el buque.
  • Herman Watzinger (1910–1986) era un ingeniero especializado en las mediciones técnicas. Durante la travesía, estuvo encargado de registrar las observaciones meteorológicas e hidrográficas.
El libro Kon-Tiki, que Heyerdahl escribió relatando las peripecias de la expedición, fue un best-seller y se tradujo a 66 idiomas, y la película que se filmó ganó un Oscar en 1951 a mejor documental.
Aquí puede verla en su totalidad.

Sin embargo, su hipótesis no fue aceptada mayoritariamente, y ha sido refutada a partir de las pruebas genéticas realizadas a habitantes de la polinesia; tales como el caso de los pascuenses, en el que se demuestra un origen polinésico, relacionado con un preorigen asiático.
La RA II
Heyerdahl no se durmió en sus laureles y en la década del 70 emprendió una expedición similar pero que demostraría la población de la américa central por los egipcios. Para esta expedición realizó una embarcación de papiro que debía seguir las corrientes atlánticas para desembarcar en Barbados. Esto indicaría una conexión entre las tribus amerindias y las del antiguo Egipto. La embarcación de papiro, bautizada como RA por el dios del Sol, navegó 2700 millas en 56 días hasta que las tormentas y los defectos de construcción obligaron a la tripulación a abandonar su objetivo a solamente una semana de Barbados. Sin embargo Heyendahl insistió diez meses más tarde, e intentó el mismo viaje con una embarcación más pequeña, la RA II, de 12 metros. Esta embarcación cruzó la parte más ancha del Atlántico (3270 millas) en 57 días, de Safi a Barbados
La Tigris
En el año 1978 realizó la expedición Tigris, partiendo de Irak y usando las rutas tradicionales que los sumerios usaran 5000 años atrás para demostrar que podría haber habido contacto e influencias entre las grandes culturas de Mesopotamia, del valle de Indus y de Egipto a través del mar.  Los mismos indios que construyeron el RA II ayudaron también en el armado de este barco. Esta vez fue construido en Irak, usando las cañas locales. Con unos 17 metros de largo y un equipo de 11 personas, el Tigris fue la embarcación de caña más grande que Thor Heyerdahl haya construido. La expedición se dirigió río abajo por el Tigris a través del golfo pérsico y se adentró en el océano Índico. Después de 5 meses, el viaje acabó repentinamente a la entrada del mar Rojo. Debido a las guerras que había en la zona, al Tigris se le prohibió partir del puerto de Djibouti. En señal de protesta contra las guerras, Heyerdahl decidió prender fuego al Tigris.
El incendio de la Tigris

Thor Heyerdahl ha recibido numerosas medallas, premios y galardones. En 1999 recibió el premio noruego Peer Gynt. Ha sido un miembro regular de varios congresos científicos, entre los que destacan el Congreso Internacional de Americanos, el Congreso Científico del Pacífico y el Congreso Internacional de Antropología y Etnología.
Su meta siempre fue demostrar que los océanos no fueron barreras para las antiguas civilizaciones, sino que por el contrario, fueron un medio de unión entre las mismas.
Thor Heyerdahl
De la expedición original sólo lo sobrevivió Knut Haugland, luego de él para mí, lamentablemente, se terminaron los aventureros.
Ya parece no existir una nueva frontera que vencer. La era del expedicionario ha pasado y lamentablemente la tecnología ha tomado el protagonismo que en el pasado le correspondía a la valentía y la superación personal. Se ha perdido una era romántica, pero nos han quedado los testimonios que nos permiten una y otra vez maravillarnos con los logros que el ser humano puede alcanzar tan sólo esgrimiendo su espíritu imbatible.
Chau


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